miércoles, 13 de noviembre de 2013

El poder del Glondris


Erase que se era en un reino muy lejano un  poderoso rey brujo que perdió sus fabulosos poderes para poder hacer el bien.  Para ello contrató los servicios de un guerrero llamado Romulus.
- Mi valiente Romulus te pongo en conocimiento  que la fuente de mis poderes  se encuentra en el corazón de la Ciudad Flotante, dentro de un cofre, encerrado en una mazmorra oscura en la mina del gnomo Shalma -Ne que es quien lo custodia. Es de mi deber informarte, por lo que te dará ventaja al negociar con él, que le gusta con mesura poseer oro, por lo que te entregó este valioso mapa para que puedas negociar con él. Pero también me temo que el cofre que aprisiona mi poder no será fácil abrirlo, por lo que deberás acudir al mercado y conseguir un artefacto especial. El comerciante es muy exigente y no se conforma con poco por lo que es posible que si tu le das un objeto que nos sea de su agrado  el te entregue un objeto equivocado. Te hago entrega de tres objetos y tú elegirás el más apropiado. El rey le entrega una calavera que resucita a los muertos, y el orto Glondris que posee poderes mágicos.
-Haré todo lo que esté en mi mano.
Romulus partió aquella noche rumbo a la populosa ciudad de Unicornia.
La ciudad de Unicarnia era una de las más populares del reino desde ella se veía la ciudad flotante. El caballero Romulus se crió allí y la conocía como la palma de su mano, su padre fue mercader de objetos para protegerse, pero el padre murió antes de que el cumpliera los quince años. Las casas era pequeñas y oscuras rodeadas por unos caminos anchos por donde la gente paseaba para ir a sus tiendas.
A lo lejos vio a un mercado y se acercó .Era un puesto de aspecto sombrío confeccionado por telas toscas y de donde colgaban centenares de objetos extraños. Como era la única tienda que no le era familiar supuso que era esa que él estaba buscando. El vendedor tenía un aspecto siniestro, era de piel pálida los ojos saltones nariz aplastada, boca enorme, todo la gente que lo veía sentía un escalofrió.
-He oído que usted tiene objetos que me puedan interesar, como que buen hombre. – Susurró  con voz siseante.
-Si ha oído usted muy bien quizá tenga lo que usted busca, y por un casual que es lo que usted necesita - Le preguntó con una malévola.
- Necesito un artefacto para abrir un cofre muy especial…
-Los  artefactos para abrir cofres especiales son muy valiosos. Ni todo el dinero del mundo sería suficiente para comprarlo.
-Lo sé. – Respondió el caballero Rufus sin inmutarse.- Para ello traigo dos objetos que le pueden resultar de su agrado.
-Lo dudo… -  Respondió el comerciante - Poseo de todo pero ya que está usted aquí muéstremelos ya que quizás puedan despertar mi interés.
Romulus tomó su saco de la espalda y estrago de él el primero de los objetos: la clavera de tamaño diminuto y con las cuencas de los ojos muy grandes. El caballero la alzó entre sus manos y se la mostró al extraño personaje.
-Esta calavera que ve usted aquí perteneció al mismísimo Rey Ogro que desprendió el reino de Taragas convirtiéndolo en la ciudad flotante.
-¡Hmmm! Muy interesante ¿Y con qué valiosas propiedades cuenta esta valiosa pieza?
El caballero respondiendo con seguridad le dijo: - Dicha calavera permite despertar de la muerte al más poderoso ejército de ogros  que jamás se haya visto. Es el mismo ejército que el valeroso Rey Khian III consiguió derrotar, a pesar de perder él y un millón de sus mejores hombres sus propias vidas.
-Poderosa, sí…  - Contestó el vendedor - Pero sé que esta calavera tiene sus límites ya que sólo funciona los días de luna nueva por lo que para mis intereses y el de mis clientes es un arma muy limitada.
Entonces Romulus sacó al pequeño Glondris de la saca. El animalillo era tan diminuto que cabía perfectamente en su mano derecha. Tenía una cola acabada en plumero; su pelaje deprendía toda una gama de colores, difícilmente definido. Su cabecita era redonda, sus orejas eran de gato y entre ellas había una mata de pelo también de color indefinido, su nariz era puntiaguda pero sus ojos eran muy grandes y especiales parecían dos pedazos de ámbar repletos de luz.
-Ante usted tiene un Glondris. Es único en su especie.
-¡Desde luego! Nunca había visto nada semejante. ¿Y qué poderes goza dicho animal?
-El Glondris puede atraer a un sin número de compradores allí donde el comercio o tienda donde sea depositado; es más, con su mirada consigue que aquel que se acerque adquiera hasta el más absurdos e inútiles de los objetos.
-¡Lo deseo! Se lo cambio por esta llave conjuradora que abre todo tipo de cerraduras por muy encantadas que estén.
El Caballero Romulus partió esa misma mañana hacia la Cuidad Flotante. Llegó a ella a última hora de la tarde. La ciudad se alzaba a unos mil pies del suelo. Era como una enorme montaña invertida. Para acceder a ella sus ciudadanos habían construido una serie de intrínsecos puentes colgantes; estos descendían en forma de escalera por donde transitaban sus habitantes, en su mayoría gnomos de diferentes tamaños y colores.
El Caballero Romulus ascendió lentamente por uno de dichos puentes. Cuando llegó a la puerta ya era de noche. La ciudad era una masa compacta de casitas y callejuelas estrechas iluminadas por bastas antorchas.
Al hallarse en tanta altura las nubes creaban una especie de neblina alrededor. Romulus se dirigió al centro de la ciudad donde se hallaban el único acceso a las cuevas de la mina. Justo antes de llegar a la plaza un trío de sombras voluminosas se abalanzaron sobre él desde un callejón.
-¡Maldito humano… danos todo lo que tengas!
-¡No me matéis!… Enseguida os lo entrego!
Romulus metió su mano en la saca y extrajo la calavera que alzó al aire haciendo que las cuencas mirasen hacia la silueta de la luna nueva. - ¡Ohgroth Thogrot Lunus Reviva!
De repente la calavera comenzó a iluminarse i de ella surgieron unas luces que al posarse en el suelo crearon la imagen de unos monstruosos guerreros.
No fue muy difícil deshacerse de los asaltantes, es más Romulus consiguió hacerse con un escudo y un yelmo mágicos.
La entrada de la mina era un agujero redondo de adoquines, con unas escaleras toscas que descendían hacia una puerta. Romulus se extrañó que no hubiera nadie custodiándola, aunque muy en el fondo se alegró de ello. La mina era estrecha y algo desordenada. Hacía tiempo que estaba abandonada  tomo una antorcha y se adentro en ella. Después de luchar con unos cuantos Pulgrats, una especie de ratas lobo que habitaban el lugar, y sufrir un par de mordeduras de murciélagos polilla alcanzó la puerta de la mazmorra oscura.
La puerta de acceso era enorme y vieja, custodiada toda ella por unas hiedras reptantes; el Caballero Romulus no dudó en quemarlas, aunque para ello tuvo que utilizar un poco de magia. Entró y de entre la oscuridad, bajo una tenue luz que venía de un agujero del techo, pudo ver el extraño cofre. Pese a parecer un cofre éste estaba cubierto de plumas. Parecía un ser vivo. Incluso le pareció como si respirara. Romulus se acerco con sigilo y justo cuando iba a alcanzar la cerradura escuchó una voz ronca a su espalda que le dijo:
-¿Quién osa robar mi más preciado tesoro?
-Soy el Caballero Romulus. – Dijo con voz solemne - Vengo de parte de Rey que es a quien corresponde aquello que está prisionero dentro de este cofre.
- ¡Ja, ja, ja, ja! Eso es imposible. Lo que tengo en este cofre es lo más valioso que existe en todo este reino.
-Te equivocas. Lo que yo tengo en esta mano. – Le anunció mientras sacaba el plano que le había dado dio el rey, muestra el mayor tesoro en oro que jamás hayas visto…
- Oro… ¿Y de cuánto oro me estás hablando?
- ¡De un continente de oro entero!
Romulus observó que los ojos del trol brillaban de una manera muy especial. Se dio cuenta que estaban repletos de codicia.
- Te cambio el cofre  a cambio del mapa y, para que veas que tengo buena voluntad, te regalo este yelmo y este escudo mágico, ya que en las ruinas donde se halla el tesoro habita un dragón perteneciente a la siniestra Reina Elfa del Norte; también te comento que debes andar con muchos sigilo ya que tiene el oído muy sensible y es muy fácil despertarlo.
- Eso no es problema para mí. – Comentó soltando una ruidosa carcajada. - Trato hecho, pero como me engañes te buscare y juro que acabaré con tu vida de la forma más despiadada.
-¡Pongo mi vida y mi sinceridad en tus manos!
El Trol tomo el mapa, el escudo y el yelmo y sin despedirse del caballero desapareció en la oscuridad.
Romulus se acerco al cofre y de su bolsillo extrajo la llave con forma de boca que acercó a escasos milímetros de la cerradura. 
- ¡Ophulus Ferrus Aplicat! – exclamó la llave con una voz dulce y femenina.
Entonces el cofre se abrió sin ofrecer el menor esfuerzo…


©Richard Anthony Archer 2013

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