Erase que se era en un reino muy lejano un
poderoso rey brujo que perdió sus fabulosos poderes para poder hacer
el bien. Para ello contrató los servicios de un guerrero
llamado Romulus.
- Mi valiente Romulus te pongo en conocimiento que
la fuente de mis poderes se encuentra en el corazón de la
Ciudad Flotante, dentro de un cofre, encerrado en una mazmorra oscura
en la mina del gnomo Shalma -Ne que es quien lo custodia. Es de mi
deber informarte, por lo que te dará ventaja al negociar con él,
que le gusta con mesura poseer oro, por lo que te entregó este
valioso mapa para que puedas negociar con él. Pero también me temo
que el cofre que aprisiona mi poder no será fácil abrirlo, por lo
que deberás acudir al mercado y conseguir
un artefacto especial. El comerciante es muy exigente y no se
conforma con poco por lo que es posible que si tu le das un objeto
que nos sea de su agrado el te entregue un objeto equivocado.
Te hago entrega de tres objetos y tú elegirás el más apropiado. El
rey le entrega una calavera que resucita a los muertos, y el orto
Glondris que posee poderes mágicos.
-Haré todo lo que esté en mi mano.
Romulus partió aquella noche rumbo a la populosa ciudad
de Unicornia.
La ciudad de Unicarnia era una de las más populares del
reino desde ella se veía la ciudad flotante. El caballero Romulus se
crió allí y la conocía como la palma de
su mano, su padre fue mercader de objetos para protegerse, pero el
padre murió antes de que el cumpliera los quince años. Las casas
era pequeñas y oscuras rodeadas por unos caminos anchos por donde la
gente paseaba para ir a sus tiendas.
A lo lejos vio a un mercado y se acercó .Era un puesto
de aspecto sombrío confeccionado por telas toscas y de donde
colgaban centenares de objetos extraños. Como era la única tienda
que no le era familiar supuso que era esa que él estaba buscando. El
vendedor tenía un aspecto siniestro, era de piel pálida los ojos
saltones nariz aplastada, boca enorme, todo la gente que lo veía
sentía un escalofrió.
-He oído que usted tiene
objetos que me puedan interesar, como que buen hombre. – Susurró
con voz siseante.
-Si ha oído usted muy bien quizá tenga lo que usted
busca, y por un casual que es lo que usted
necesita - Le preguntó con una malévola.
- Necesito un artefacto para abrir un cofre muy
especial…
-Los artefactos para abrir cofres especiales son
muy valiosos. Ni todo el dinero del mundo sería suficiente para
comprarlo.
-Lo sé. – Respondió el caballero Rufus sin
inmutarse.- Para ello traigo dos objetos que le pueden resultar de su
agrado.
-Lo dudo… - Respondió el comerciante - Poseo de
todo pero ya que está usted aquí muéstremelos ya que quizás
puedan despertar mi interés.
Romulus tomó su saco de la espalda y estrago de él el
primero de los objetos: la clavera de tamaño diminuto y con las
cuencas de los ojos muy grandes. El caballero la alzó entre sus
manos y se la mostró al extraño personaje.
-Esta calavera que ve usted aquí perteneció al
mismísimo Rey Ogro que desprendió el reino de Taragas
convirtiéndolo en la ciudad flotante.
-¡Hmmm! Muy interesante ¿Y con qué valiosas
propiedades cuenta esta valiosa pieza?
El caballero respondiendo con seguridad le dijo: - Dicha
calavera permite despertar de la muerte al más poderoso ejército de
ogros que jamás se haya visto. Es el mismo ejército que el
valeroso Rey Khian III consiguió derrotar,
a pesar de perder él y un millón de sus mejores hombres sus propias
vidas.
-Poderosa, sí… - Contestó el vendedor - Pero
sé que esta calavera tiene sus límites ya que sólo funciona los
días de luna nueva por lo que para mis intereses y el de mis
clientes es un arma muy limitada.
Entonces Romulus sacó al pequeño Glondris de la saca.
El animalillo era tan diminuto que cabía perfectamente en su mano
derecha. Tenía una cola acabada en plumero; su pelaje deprendía
toda una gama de colores, difícilmente definido. Su cabecita era
redonda, sus orejas eran de gato y entre ellas había una mata de
pelo también de color indefinido, su nariz era puntiaguda pero sus
ojos eran muy grandes y especiales parecían dos pedazos de ámbar
repletos de luz.
-Ante usted tiene un Glondris. Es único en su especie.
-¡Desde luego! Nunca había visto nada semejante. ¿Y
qué poderes goza dicho animal?
-El Glondris puede atraer a un sin número de
compradores allí donde el comercio o tienda donde sea depositado; es
más, con su mirada consigue que aquel que se acerque adquiera hasta
el más absurdos e inútiles de los objetos.
-¡Lo deseo! Se lo cambio por esta llave conjuradora que
abre todo tipo de cerraduras por muy encantadas que estén.
El Caballero Romulus partió esa misma mañana hacia la
Cuidad Flotante. Llegó a ella a última hora de la tarde. La ciudad
se alzaba a unos mil pies del suelo. Era como una enorme montaña
invertida. Para acceder a ella sus ciudadanos habían construido una
serie de intrínsecos puentes colgantes; estos descendían en forma
de escalera por donde transitaban sus habitantes, en su mayoría
gnomos de diferentes tamaños y colores.
El Caballero Romulus ascendió lentamente por uno de
dichos puentes. Cuando llegó a la puerta ya era de noche. La ciudad
era una masa compacta de casitas y callejuelas estrechas iluminadas
por bastas antorchas.
Al hallarse en tanta altura las nubes creaban una
especie de neblina alrededor. Romulus se dirigió al centro de la
ciudad donde se hallaban el único acceso a las cuevas de la mina.
Justo antes de llegar a la plaza un trío de sombras voluminosas se
abalanzaron sobre él desde un callejón.
-¡Maldito humano… danos todo lo que tengas!
-¡No me matéis!… Enseguida os lo entrego!
Romulus metió su mano en la saca y extrajo la calavera
que alzó al aire haciendo que las cuencas mirasen hacia la silueta
de la luna nueva. - ¡Ohgroth Thogrot Lunus Reviva!
De repente la calavera comenzó a iluminarse i de ella
surgieron unas luces que al posarse en el suelo crearon la imagen de
unos monstruosos guerreros.
No fue muy difícil deshacerse de los asaltantes, es más
Romulus consiguió hacerse con un escudo y un yelmo mágicos.
La entrada de la mina era un agujero redondo de
adoquines, con unas escaleras toscas que descendían hacia una
puerta. Romulus se extrañó que no hubiera nadie custodiándola,
aunque muy en el fondo se alegró de ello. La mina era estrecha y
algo desordenada. Hacía tiempo que estaba abandonada tomo una
antorcha y se adentro en ella. Después de luchar con unos cuantos
Pulgrats, una especie de ratas lobo que habitaban el lugar, y sufrir
un par de mordeduras de murciélagos polilla alcanzó la puerta de la
mazmorra oscura.
La puerta de acceso era enorme y vieja, custodiada toda
ella por unas hiedras reptantes; el Caballero Romulus no dudó en
quemarlas, aunque para ello tuvo que utilizar un poco de magia. Entró
y de entre la oscuridad, bajo una tenue luz que venía de un agujero
del techo, pudo ver el extraño cofre. Pese a parecer un cofre éste
estaba cubierto de plumas. Parecía un ser vivo. Incluso le pareció
como si respirara. Romulus se acerco con sigilo y justo cuando iba a
alcanzar la cerradura escuchó una voz ronca a su espalda que le
dijo:
-¿Quién
osa robar mi más preciado tesoro?
-Soy el Caballero Romulus. – Dijo con voz solemne -
Vengo de parte de Rey que es a quien corresponde aquello que está
prisionero dentro de este cofre.
- ¡Ja, ja, ja, ja! Eso es imposible. Lo que tengo en
este cofre es lo más valioso que existe en todo este reino.
-Te equivocas. Lo que yo tengo en esta mano. – Le
anunció mientras sacaba el plano que le había dado dio el rey,
muestra el mayor tesoro en oro que jamás hayas visto…
- Oro… ¿Y de cuánto oro me estás hablando?
- ¡De un continente de oro entero!
Romulus observó que los ojos del trol brillaban de una
manera muy especial. Se dio cuenta que estaban repletos de codicia.
- Te cambio el cofre a cambio del mapa y, para que
veas que tengo buena voluntad, te regalo este yelmo y este escudo
mágico, ya que en las ruinas donde se halla el tesoro habita un
dragón perteneciente a la siniestra Reina Elfa del Norte; también
te comento que debes andar con muchos sigilo ya que tiene el oído
muy sensible y es muy fácil despertarlo.
- Eso no es problema para mí. – Comentó soltando una
ruidosa carcajada. - Trato hecho, pero como me engañes te buscare y
juro que acabaré con tu vida de la forma más despiadada.
-¡Pongo mi vida y mi sinceridad en tus manos!
El Trol tomo el mapa, el escudo y el yelmo y sin
despedirse del caballero desapareció en la oscuridad.
Romulus se acerco al cofre y de su bolsillo extrajo la
llave con forma de boca que acercó a escasos milímetros de la
cerradura.
- ¡Ophulus Ferrus Aplicat! – exclamó la llave con
una voz dulce y femenina.
Entonces el cofre se abrió sin ofrecer el menor
esfuerzo…
©Richard Anthony Archer 2013
No hay comentarios:
Publicar un comentario