─¿Y bién a que te dedicas?
─ Pues me dedico a la venta.
─ ¿A la venta? ¿Y qué vendes si se
puede saber?
─ Por supuesto que se puede. Me
dedico a la venta de ideas.
─ De ideas...¡Ah, eres creativo!
─ No, bueno, sí aunque no
exactamente. No es tan fácil de explicar en tan pocas palabras.
─ No te entiendo.
─ Vendo ideas, eso es cierto. Pero no
son mis ideas, digamos que yo activo ideas en la mente de los demas.
─ Ahora si que me he perdido.
─ A ver, todo el mundo tiene la
capacidad de tener ideas, de crear, de tomar la esencia del éter y
darle forma y hacerlo factible. Hay a veces que esa idea es
esplendida. No depende de mi, es algo que tiene que ver con la
persona que me la compra. Hay quien una idea le sirve para resolver
un problema personal, otro para comprender un dilema, otra para
diseñar mueble o una casa, hay quien es mucho más ambicioso y ese
idea sirve para crear una obra de arte o un invento que salve al
mundo. Ya te digo depende mucho de la persona.
─ Ya, comprendo y... ¿es muy caro
ese servicio que regentas?
─ No, que va. A todos le cobro lo
mismo, sean de la clase social que sean. No suelo hacer distinciones
con nadie. Nunca. Para mí todo el mundo tiene derecho a tener una
buena idea por lo menos una vez en su vida. Me gusta hacer feliz a la
gente, que sientan el entusiasmo que tener que hacer algo que los
haga sentir vivos, plenos y que tengan por lo que batallar. Además,
yo nunca he vendido malas ideas. Eso no va conmigo. Dañaría mi
imagen y echaría a perder mi negocio. Si es muy probable que quien
me compre no sepa hacer uso de esa idea y se vaya todo al carajo.
Pero de la misma forma que no sabes hacer uso de esa idea tampoco
ésta nunca llega a hacerse cabo, por lo que no hay peligro alguno.
Te lo puedo asegurar. Cuando esto sucede siempre les devuelvo el
dinero.
─Interesante. ¿Y que debo hacer para
comprarte una idea?
─ Pues muy sencillo pagas por ella y
al cabo de uns instante la idea te envuelve y se convierte en una
obsesión irremediable.
─ ¿Y qué tipo de idea puedo pedir?
─ Eso nunca se sabe. Las ideas las
pone forma tu cerebro y se ajustan a tu grado de creatividad. Yo ahí
no entro para nada. Tampoco puedo hacer bada para modificarlo.
─¿Y cómo sabré que he tenido una
idea?
─Lo sabrás al momento. Es como un
entusiasmo desmesurado, un hormigueo constante en toda la barriga que
hace que el cerebro te funcione a mil por hora aportando información a raudales. Esa información es la herramienta que hace falta para
que la idea vaya teniendo forma.
─ Si me esperas voy al cajero de la
esquina y te pago al contado.
─ No hay problema podemos ir juntos,
puedes incluso hacerme una trasferencia, por lo que veo somos del
mismo banco los dos.
─ Hecho.
Caminaron hacia el cajero. Poco después
de hacer el ingreso un extraño hormigueo comenzó a invadir su
cuerpo. Se sentí muy bien, con una felicidad y un entusiasmo
inmenso.
─¿Qué tal? Veo por tu cara que has
recibido tu idea. Espero que sea de tu agrado.
─Por supuesto, me encanta. Nada más
llegar a casa me pongo a ello.
Aquella noche, sentado en el despachito
de su casa comenzó a mover todo lo necesario para que, al día
siguiente su nuevo y flamante negocio: RECICLAJE DE IDEAS CONCEDIDAS
O PERDIDAS se pusiera en marcha. Todavía se preguntaba, perplejo,
cómo a su amigo no se le había ocurrido semejante idea.
©Richard
Anthony Archer 2012
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