La gente salía a la calle a pasear
agarrados de la mano. Fuese la raza que fuese. Fuese el sexo que
fuese. Muy pocos de ellos se soltaban... Es que si lo hacían el
puñetero viento podía enviarlos de un golpe a trescientos metros a
la redonda.
©Richard
Anthony Archer 2012
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