miércoles, 13 de noviembre de 2013

Dos no discuten si uno no quiere

─¡Me gusta tu bulto!
─¡A qué sí! Está todo lleno de pus y duele mucho cuando lo tocas.
─Pero te luce muy bien. Ahí en tu hombro. No sé, te da como un porte muy distinguido.
─Mucho. El día que explote lo echaré mucho de menos.
─Y te volverás de nuevo mundano.
─Y asquerosamente vulgar como tú
─¡Gracias cerdo!
─¡De nada asquerosa!
─Tengo ganas de escupirte
─Lo se, y yo de pegarte una patada en los ovarios.
─Eres un borde.
─Pero tú no tienes un bulto pustulento como yo.
─Ya...¿Oye te he dicho alguna vez lo mucho que me das asco?
─He perdido la cuenta. ¿Y yo a ti lo mucho que me das pena que es mucho peor?
─Sí, unas cien mil veinte veces. No me lo recuerdes que es muy triste... Más a menos como tu vida de mierda.
─A tu lado.
─Pero qué rabia me da cuando abres la boca para decir sandeces.
─Más rabia me da tu cara y la tengo que soportar todo el santo día. Por lo menos tú no te la ves a no ser que te arrimes a un espejo.
─Oye me estoy cansando de discutir.
─¿Ya te rindes? Menuda blandengue.
─No es que ya estamos llegando a nuestra cita so basura y no queda muy bien ir soltando mierda delante de los demás. Nuestros trapos sucios se quedan siempre en casa, es nuestro pacto. La única cosa que hemos respetado en lo que llevamos casados.
─¿Sabes? A veces me arrepiento. Me gustaría que no hubiese pacto y despellejarte delante de los demás y dejarte como lo que eres: una mierda inmunda.
─¡Cierra el pico cacho imbécil que nos van a oir!... ¡Huy! Hooooooooooooolaaaaaaaaa que fantástica estasssss. Precisamente íbamos comentando en el coche las ganas que teníamos de verte.  

©Richard Anthony Archer 2012

No hay comentarios:

Publicar un comentario