─¡Me gusta tu bulto!
─¡A qué sí! Está todo lleno de
pus y duele mucho cuando lo tocas.
─Pero te luce muy bien. Ahí en tu
hombro. No sé, te da como un porte muy distinguido.
─Mucho. El día que explote lo echaré
mucho de menos.
─Y te volverás de nuevo mundano.
─Y asquerosamente vulgar como tú
─¡Gracias cerdo!
─¡De nada asquerosa!
─Tengo ganas de escupirte
─Lo se, y yo de pegarte una patada en
los ovarios.
─Eres un borde.
─Pero tú no tienes un bulto
pustulento como yo.
─Ya...¿Oye te he dicho alguna vez lo
mucho que me das asco?
─He perdido la cuenta. ¿Y yo a ti lo
mucho que me das pena que es mucho peor?
─Sí, unas cien mil veinte veces. No
me lo recuerdes que es muy triste... Más a menos como tu vida de
mierda.
─A tu lado.
─Pero qué rabia me da cuando abres
la boca para decir sandeces.
─Más rabia me da tu cara y la tengo
que soportar todo el santo día. Por lo menos tú no te la ves a no
ser que te arrimes a un espejo.
─Oye me estoy cansando de discutir.
─¿Ya te rindes? Menuda blandengue.
─No es que ya estamos llegando a
nuestra cita so basura y no queda muy bien ir soltando mierda delante
de los demás. Nuestros trapos sucios se quedan siempre en casa, es
nuestro pacto. La única cosa que hemos respetado en lo que llevamos
casados.
─¿Sabes? A veces me arrepiento. Me
gustaría que no hubiese pacto y despellejarte delante de los demás
y dejarte como lo que eres: una mierda inmunda.
─¡Cierra el pico cacho imbécil que
nos van a oir!... ¡Huy! Hooooooooooooolaaaaaaaaa que fantástica estasssss.
Precisamente íbamos comentando en el coche las ganas que teníamos de
verte.
©Richard
Anthony Archer 2012
No hay comentarios:
Publicar un comentario