miércoles, 13 de noviembre de 2013

Severín

A mi vecinito Severín le pidieron un día que dibujase a su madre. Él iba a los médicos porque siempre decía que ella no se había muerto, que aun vivía en casa. Fijáos si estaba tan convencido que explicaba, con pelos y señlales, que muchas noches, al sonar en el reloj del comedor las tres de la madrugada ella aparecia, arrastrandose desde el fondo del pasillo y colarse en su habitación. Decía que lo arropaba, le cantaba una nana y le daba un beso de buenas noches. Luego desaparía como una enorme araña por debajo de su cama.

©Richard Anthony Archer 2012

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