Cuando compró la cámara de fotos supo
que había hecho lo correcto. Sonrió más que satisfecho. Ahora, por
fin, podría burlar el paso del tiempo y capturar, en aquella
especie de prisión tecnológica, todos los detalles que más le
habían llamado la atención del resto de su vida, evitando que se
diluyeran, sin remedio, en el interior de su cabeza.
©Richard
Anthony Archer 2012
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