miércoles, 13 de noviembre de 2013

La casa Oblicua VI: La otra vida

Mi padre murió. Ya no había forma de salvarlo. La neumonía era mucho más fuerte qué él. Se fue durmiendo en la cama rodeado de los suyos. Recuerdo que la casa se solidarizó con nosotros atenuando la luz que entraba por las ventanas. Era como si corriera unas invisibles cortinas para ofrecernos mucha más intimidad. Meses más tarde mi madre me llamó envuelta en una especie de sobrexcitación. Cuando logré calmarla me contó que había visto a mi padre paseándose por la casa. No la reconoció a pesar de que ella lo llamó varias veces por su nombre. Me dijo que lo había visto meterse en un pasillo y desaparecer en una nueva habitación. Me dijo que se quedó tras el marco de la puerta cerrada. Me explicó que escuchó ruido de muebles arrastrándose y poco después el repiqueteo del teclado de una máquina de escribir. Mamá no hizo nada. Sabía que cuando papá se ponía a escribir era mejor no molestarlo, perdía la concentración y se malhumoraba muy fácilmente.  

©Richard Anthony Archer 2012

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