En cada colegio hay un niño o niña
que odia el patio. En él se convierte en una presa fácil, en un
imán para balonazos, burlas, golpes, incomprensión y sobre todo
soledad. Un patio de colegio debería ser sinónimo de alegría y
libertad. Sin embargo no lo es. De vez en cuando se produce la
ecuación, el milagro. Otro niño, con las mismas condiciones, hace
acto de presencia y bien ambas fuerzas se unen, creando una extraña
amistad, una versión reducida de Butch Cassidy and the Sundance Kid;
o bien uno de los dos pesa más en la balanza y se une al circulo
absurdo del odio y la humillación.
©Richard
Anthony Archer 2012
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