─¡Empuja, empuja que ya sale!
María D. emitió un suspiro y apretó
con todas sus fuerzas. El dolor (porque ella no quería la pidural)
fue intenso, insoportable, pero aun así se convenció de que merecía
la pena.
─Ya falta poco, cariño, aguanta. Ya
está apunto de salir─ Le dijo su marido apretándole la mano
mientras que con la otra sujetaba la cámara. De los nervios aun no
había filmado nada.
─ A ver papá acérquese aquí si no
quiere perderse este momento tan especial.─ Advirtió el
ginecólogo.
El hombre dejó a su mujer sola y
enfocó el objetivo hacia la vagina de su mujer.
─Ahora, corazón un ultimo esfuerzo y
ya habrá pasado todo ─ le comentó la matrona.
La mujer apretó. Como si con ello se
le fuera la vida. Fue un empujón sobrecogedor, doloroso, de los que
nunca en la vida se olvidan. De repente sintió una presión entre la
piernas y un inesperado alivio.
─¡Ya está! ¡Ya está! ¡Ya ha
nacido!─ Exclamó el recién nuevo papá.
─¿Ya? ─ preguntó ella. ─ ¿Y
qué ha sido?─ Ambos nunca habían querido saber nada mediante la
ecografía. Aun había en el mundo parejas como ellos, personas que
les gustaba jugar con el factor sorpresa.
El hombre tomó el pequeño bulto entre
sus manos, Estaba tapado por unas toallas y ella no pudo verlo bien.
Los ojos de María se abrieron con expectación.
─¿Qué ha sido? ¿Está sano?
─ Si cariño, todo perfecto. ¡Es tan
increíble!
El hombre lo acercó a ella. La mujer
miró a su retoño.
─¡Oh! ¡Es un diccionario! Hemos
tenido suerte. ¡Nos va a salir culto!
El hombre beso la frente de su mujer y
ella comenzó a sollozar de alegría.
─¡Celebradlo, celebradlo que estáis
de suerte! ─ exclamó la comadrona.─ Que llevamos una semanita
con partos de pantalones de chandal, gorras deportivas con el ala
invertida o fotografías de bebés sacando morritos a la cámara de
sus padres que no te puedes imaginar. Espero que por lo menos esta
nueva criatura dé un poco de esperanza a la humanidad que falta le
hace.
©Richard
Anthony Archer 2012
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